OTRA VÍCTIMA
DEL FRANQUISMO
Julio de 1936, en la Historia de nuestro país
comenzó un proceso de violencia tan intenso y de tan profundas consecuencias
que aún hoy nuestra sociedad no ha podido superar.
No voy a hablar extensamente aquí de lo que
esa tormenta de horror supuso, demasiado bien lo sabemos:
Asesinatos, torturas, cárcel, exilio,
expropiaciones, vejaciones, robo de niños, una persecución para muchísimos
conciudadanos que duró hasta más allá de su muerte…baste decir que decenas de
miles de ellos fueron objeto de un auténtico genocidio, de crímenes de Lesa
Humanidad que la democracia subsiguiente no ha querido nunca investigar.
El tan traído y llevado “espíritu de la Transición ” que desde
hace décadas se invoca, tanto por la derecha como por cierta izquierda amnésica y pactista, no fue sino la
imposición de los altos funcionarios del
régimen franquista, de que se olvidaran sus crímenes a cambio de
permitirnos tener una democracia vigilada, por medio de esa ley de punto final
que aparentemente produjo la Amnistía General.
Democracia que habría de tener en su cúspide
no al Presidente de la
República derrocado sino al sucesor escogido por el propio
Dictador.
Resulta patético olvidarse del papel de
ciertos miembros del Régimen que ahora parecen, a la luz de las loas
democráticas producidas tras su muerte, auténticos opositores a Franco y no
miembros de gabinetes que perseguían a los verdaderos demócratas, hasta
condenarlos a muerte, olvidándonos de su papel en la represión y de que Alianza
Popular, incluso, votó en contra de la misma Constitución que ahora parece ser
el Norte único de sus sucesores.
Así, tras casi cuarenta años de democracia y
a casi ochenta del comienzo de ese proceso represivo sin parangón en nuestra
Historia, los asesinos nunca han sido ya no juzgados, sino simplemente investigados;
los crímenes, por supuesto, nunca fueron esclarecidos, las víctimas nunca han
conseguido encontrar ni comprensión ni reparación en esta nuestra modélica
democracia y no hablemos ya de justicia.
Quizá solo se pueda entender desde su germen,
en el seno del anterior régimen, que nuestro nuevo sistema político vea normal
que auténticos psicópatas asesinos sigan teniendo calles e incluso pueblos
dedicados a su mayor gloria en la actualidad.
Como se podría concebir que en Italia
viéramos una avenida Mussolini, o en Alemania una plaza Adolf Hitler. Claro que
ellos perdieron la guerra y aquí, no solo la ganaron sino que siguen campando
por sus respetos en el régimen que dejaron “atado y bien atado”.
La esperanza de miles de ciudadanos de que
existiera una normalización democrática con la investigación de los crímenes
franquistas se ha evaporado por la actitud de los demócratas de nuevo cuño y de
quienes nunca han querido denunciar su posición.
Esta democracia, sigue sin condenar al
régimen dictatorial, sigue sin crear una Comisión de la Verdad , pero se arroga el
derecho de dar lecciones a las jóvenes democracias latinoamericanas que, por
cierto, si las han creado y llevado hasta sus últimas consecuencias.
Además, nuestros Gobiernos se dedican a
firmar acuerdos internacionales en materia de Derechos Humanos, enviando, por
ejemplo, legionarios a Sçebrenica pero dejando que las asociaciones de
recuperación de la Memoria Histórica
realicen el trabajo de exhumación que les correspondería realizar a ellos en su
propio país.
Y ahora, con la derecha en el poder, ya no
vamos a tener ni ese mínimo derecho
Con todo este escenario, no es de extrañar
que lleguemos al máximo esperpento que estamos viviendo en este momento…los defensores
del Honor del anterior régimen asesino sientan en el banquillo al único juez
que ha tenido la suficiente sensibilidad democrática para intentar investigar
esos crímenes.
Los representantes de las SS sientan en el
banquillo a los jueces de Nuremberg.
No es de extrañar que vengan de todos los
países democráticos a ver como es posible semejante desatino.
¿Como es posible que un Estado Democrático,
que debe adecuar su ordenamiento jurídico a los tratados internacionales de
Derechos Humanos que ha rubricado, siente al juez que ha decidido afrontar ese
acto de justicia y de respeto a sus conciudadanos asesinados como imputado de
un delito de prevaricación?
Hay prevaricadores, pero Garzón no es uno de
ellos.
Los ciudadanos nos preguntamos entonces, ¿porqué
en España no se pueden juzgar crímenes cometidos en nuestro país contra
nuestros propios connacionales?
¿ Como explicar la furia asesina que se cebó
de nuestros antepasados recientes cometiendo miles de crímenes comunes por lo
tanto ya prescritos, ya que no son considerados, por nuestros magistrados,
delitos de Lesa Humanidad?
Pues esto es así…por que motivos ocultos,
habrá que preguntárselo al T.S. y a los políticos que miran para otro lado y
aceptan la ley de Amnistía como si del Evangelio se tratara.
A estas personas e instituciones hay que
recordarles que ya algunos tribunales internacionales de Derechos Humanos,
consideran que la derogación de dicha ley es una condición imprescindible para
un país que firma tratados internaciones y dice defender los DD.HH.
Esos mismos tribunales internacionales son los
que, por desgracia para nuestra democracia y su sistema judicial, habrán de
decidir en un futuro sobre esos crímenes de Lesa Humanidad.
También deberán responder porqué en el
Parlamento y con los votos de los partidos políticos mayoritarios, se decidió
apartar el principio de Justicia Universal de nuestro ordenamiento jurídico.
Los antiguos franquistas moderados, que así
se definía AP en sus estatutos, siguen insistiendo en que los movimientos de
Recuperación de la Memoria Histórica
somos revanchistas y no es casualidad que con la aquiescencia de los Poderes de
Estado no se consienta la investigación
de las fuentes de financiación de los partidos políticos.
A quienes de tal forma nos califican nosotros
les decimos:
No, nunca fue igual la violencia desatada por
republicanos y franquistas.
Los militares levantiscos iniciaron la guerra
y desataron contra su propio pueblo una represión intensa, duradera y
planificada, alentándola desde todos sus foros y centros de decisión.
Cuando la guerra terminó, la represión
continuó hasta la muerte del Dictador.
Los defensores del régimen legal fueron
entonces juzgados por Rebelión, sarcasmos que permite la victoria.
Los guerrilleros pasaron a ser bandidos.
Los demócratas, criminales.
Nunca fue revertida esta situación, pues no
se investigó, no se resarció a las víctimas ni a la sociedad, nada se investigó
por parte de los Poderes Públicos democráticos.
Los herederos de este régimen criminal no ven
ni tan siquiera una dictadura en el franquismo, afirman que fue un sistema
autoritario a la vez que benévolo.
También nos dicen que debemos pasar página y
que no se deben reabrir las heridas.
Nosotros afirmamos:
No se puede pasar una página tan importante
de nuestra Historia sin haberla escrito y sin leerla.
No se pueden reabrir las heridas que nunca
cicatrizaron por no estar cerradas y mucho menos por indicación de los
defensores de quienes las infligieron.
Miles de personas, niños robados, siguen sin
conocer su identidad.
Miles de asesinados permanecerán para siempre
en las cunetas olvidados, sin no ya recibir Justicia, sino simple Memoria
Democrática.
Sigue y seguirán habiendo víctimas del
franquismo porque cuando una injusticia manifiesta no se repara a sabiendas, la
sociedad que omite hacerlo ni se puede llamar verdaderamente democrática ni
dejará de estar en deuda con su pasado.
Eso si que es prevaricación.
Garzón es pues, otra víctima de esta
situación, otra víctima del franquismo.
Puesto que, además, somos incapaces de hacer
justicia o dar una mínima reparación a estas personas y su memoria, no será la
última víctima tras casi cuarenta años de Democracia.
Nos gustó oír de boca del anterior inquilino
de la Moncloa
que esta Democracia será muy imperfecta pero nunca carecerá de memoria, lástima
que solo se refiriera al recuerdo de las víctimas de un terrorismo y no de las
de otro, más antiguo sí, pero infinitamente más sangriento.
Hemos de dar como ciudadanos conscientes un
paso adelante.
Hemos de romper con la inercia que nos hace
aceptar injusticias sociales constantemente como si fueran fenómenos naturales.
Debemos ser dueños de nuestra vida, de
nuestra sociedad y de la forma política que deseemos darnos.
Reconciliémonos con nuestra propia Historia
reciente, retomemos los caminos de Justicia que emprendimos y que tan
ferozmente un día nos arrebataron.
Nosotros nunca olvidaremos a los que un
día ya transitaron esperanzados por
ellos
Seguiremos en la lucha hasta el fin de este
largo camino, por nosotros, por la sociedad, por los olvidados hasta obtener:
VERDAD, JUSTICIA Y
REPARACIÓN.
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